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sábado, 20 de septiembre de 2014

La culpa es de las mariposas.

La culpa es de las mariposas. Esas infames que dan pequeñas mordidas a tu estómago y revolotean lo suficientemente fuerte para anunciar su presencia.  Llegan sólo en los momentos trascendentes de tu vida: cuando te enamoras, cuando esperas los resultados de esa prueba de embarazo, antes de tu examen profesional,  cuando pides matrimonio, antes de casarte, en tu primer día de trabajo. Esos momentos en los que el reloj se detiene y que son tan importantes que son contados. Pero algunos hemos encontrado una manera segura de invocarlas. Ponte una meta deportiva, corre tu primer 5k o haz un Ultraman. No importa la distancia, las mariposas aparecerán en el momento en que pagues la inscripción,  se asomarán cada vez que pienses en el evento y revolotearán con toda su fuerza en el momento que estés esperando la señal de salida.  Una vez dada, te dejarán solo. Darán espacio a esa voz en tu cabeza, que a veces te juega chueco pero que será la única responsable de acercarte a lo que te propusiste. Entonces, cuando tus ojos vean la meta, la voz se va, regresan las mariposas, entran por la punta de tus pies y algunas escapan  por tus manos,  las sientes como una especie de cosquilleo que recorre tu cuerpo, las que se quedan en tu estómago aletean tan rápido que te harán sentir que flotas, flotas y te acercan a la meta. Justo un segundo antes de cruzar te conmoverán tanto que querrás llorar.
No es bigorexia ni adicción al deporte. Tampoco lo haces por la salud o por un tema estético, la culpa, la culpa es de las mariposas.

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