Independientemente
de las creencias individuales, imaginemos que existe un ser supremo que podría
tomar la decisión de acabar con el mundo cansado por tener que soportar las
burradas que como raza cometemos. Si así fuere, el 21 de diciembre no tendría
por que ser el día elegido. El mundo podría haberse acabado en el debate
presidencial en el que lo único que nos interesó de la política fue el vestido
blanco de la edecán Julia Orayen, o aquella ocasión en la que Josefina Vázquez
Mota nos invitó a imaginar que todos los candidatos eran mujeres.
O
como cuando Juan Pablo Castro joven panista tomó la tribuna para jugar a ser
legislador, y no le salió mal, los grandes a veces dicen cosas peores.
También
podría haberse acabado cuando Miguel Sacal decidió agarrar a golpes a un
empleado de su edificio porque no cumplió con lo que le pedía.
Sin
duda el momento en el que al director de la CIA, al Comandante de las Fuerzas
Armadas Estadounidenses en Afganistán y a sus íntimas amigas se les ocurrió que
el correo electrónico era un medio seguro para intercambiar mensajes de amor
habría sido un buen momento para que el altísimo gritara “me doy” y apretara el
botón rojo.
El
19 de Julio de 1921, que fue el día en que nació Harold Camping el hombre que
ha asegurado tener la certeza de que el mundo se iba a acabar; en Mayo del 88,
en Septiembre de 1994 y en el pasado 2011. El problema no radica en que sea un
hombre que asegure en tres ocasiones distintas saber gracias a la numerología
cuando se va a acabar el mundo, si no que es un hombre con el presupuesto
suficiente para pregonar su teoría. Y definir al día siguiente de su error como
El día más triste de su vida. Jugar a ser Dios podría ser un buen motivo para
bajar la palanca, aunque sea nada mas para ver que cara ponía.
Pero
sin duda, el día en que el mundo debió de haberse acabado, fue cualquier fecha
antes de mayo del 2009, cuando en una conferencia en conjunto con la Secretaria
de Educación Pública, Elba Esther Gordillo recibió la mayor de las traiciones,
su blusa nos dejó ver de ella mucho mas de lo que hubiésemos deseado.