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Para explicarles en dónde estoy es
importantísimo contarles de dónde vengo. Hace 6 meses, después de haber
terminado el 70.3 de Monterrey con un tiempo de 7 horas con 8 minutos le dije a
Frank dos cosas; que no quería volver a hacer un triatlón de esa distancia en
al menos dos años y que a partir de ahora el alto rendimiento lo iba a tener
sólo en las clases de zumba. En realidad
nunca he hecho zumba, pero era la mejor manera de explicar la frustración que
sentía tras haber entrenado tanto y seguido una dieta en la que lo único que
gané fue grasa. Y sí, nos encanta el deporte, pero también sus efectos
secundarios y yo llegaba a una competencia que me había exigido muchísimo
entrenamiento, con los jeans apretados.
Como en esta vida sólo hace falta
decir “no” para que termines por hacer lo contrario, dos meses después ya me
encontraba de nuevo entrenando para otro 70.3. En esta ocasión el plan fue
distinto, mi primera sesión de entrenamiento fue una serie de 2x10 titulada
“cómo subirte a la báscula sin miedo”. Eli me advirtió desde el principio que
cada paciente era un nuevo aprendizaje y que iríamos ajustando y aprendiendo en
el camino. También advirtió que estaría en contacto constante con Frank para
ajustar la dieta a las necesidades del entrenamiento, esta última no se la
creí, eso dicen siempre los nutriólogos, pensé. Al final mi caso no era tan
sencillo. Las dietas altas en carbohidratos ideales para triatletas que queman
más de 3000 calorías diarias, a mi me inflan como globo. Hicimos 2 pruebas de
lactato, una de VO2 MAX y una calorimetría… sí, todo en el consultorio. A pesar de la ciencia, en el fondo pensaba
que acumulábamos datos por que sí y que
el éxito de la dieta se basaba en pocas calorías y en ponerme a comer jitomate
en la colación. ¡Sí! ¡Jitomate! Hasta
que vas notando que detrás del jitomate, los espárragos o el atún obligatorio
se esconden una serie de nutrimentos específicos que consiguen que no te
desmayes a pesar de las 3000 calorías o más que quemas diario.
Hice Veracruz como parte del
entrenamiento, al terminar le dije a Frank que por alguna razón las piernas no
me daban para pedalear a más de 22km/hr (OMG!) No dijo nada, bueno sí, dijo:
“No me gustaron tus tiempos en la bici”. El lunes siguiente, Eli hizo un cambio
en mi dieta porque dijo que mis músculos no se estaban alcanzando a recuperar.
¡Bingo! Ahí noté que en efecto, sí estaba en contacto constante con Frank y que
haber agregado 1 fruta a mi dieta era suficiente para acabar con el dolor de
piernas y el vergonzoso 22km/hr
Llegué a Cozumel con 5.5 kg menos de
grasa y como 2kg más de masa muscular. El plan de alimentación precompetencia
estaba perfectamente diseñado para que acumulara la mayor cantidad de agua y
glucógeno posible. Los alimentos para la competencia fueron elegidos tomando en
cuenta los resultados de la prueba de lactato. Todo estaba fríamente y
científicamente calculado, menos la maldita hamburguesa que me enfermó justo 2
días antes del 70.3. Sí, toda esa agua que estaba guardando celosamente en mi
cuerpo, se escapaba en pocas horas acompañada de un fuerte dolor de estómago.
Conté al menos 5 mensajes de Eli durante el día con medidas de emergencia para
arreglar el problema, medicamentos, dosis extra de “vida suero oral” y tres más
que decían “¿cómo sigues? Estoy preocupada”. No les cuento esto con alguna
obsesión escatológica, sino porque cuando te preparas para competir más de 6
horas, con una temperatura mayor a los 30 grados, el riesgo de deshidratación
es un tema mayor.
Llegó el momento de ponerme a
prueba. Seguí al pie de la letra las instrucciones de Frank y Eli. No sentí
hambre, no sentí ningún bajón ni falta de energía. Crucé la meta a las 6 horas
con 16 minutos, 52 minutos menos de lo que había hecho sólo 6 meses antes, con
condiciones climáticas mucho más complicas. (Y sintiéndome más cómoda en el
trisuit). Pero lo que fue todavía más grande, fue el darme cuenta de que
todo era posible, que el esfuerzo había valido al pena, que volví a ver con amor las largas distancias, que dejé las clases de
zumba en el olvido y que al terminar me hice esa pregunta que nos hacemos todos
los enamorados de este deporte: y ahora ¿qué sigue?
Elizabeth
Reyes (Nutrióloga) @nutrierc @Elizabeth Reyes
No sé si también les pase a los
hombres, pero al menos la mayoría de las mujeres sabemos que ir al nutriólogo
es un asunto emocionalmente complicado. Al final los lazos que tenemos con la
comida son mucho más que sobrevivir. Y cuando además somos intensitos para el
deporte, lo que comemos es la garantía para que lo hagamos al máximo de nuestra
capacidad y que lo podamos seguir haciendo el mayor número de años posible. Eli
ha sido en estos 4 meses nutrióloga, psicóloga, motivadora, porrista, maestra y
ejemplo. Porque además del conocimiento que respalda su profesión, es una
excelente corredora y eso la hace entender nuestras necesidades desde una
perspectiva muy particular. Si a eso agregamos la comunicación constante que
tiene con Frank para tratar cada caso de forma individual, son una mezcla
ideal. Eli no tengo palabras para agradecerte porque uso al menos dos todas las
mañanas frente al espejo.
Elegir un coach es como elegir un
médico, debes decirle cómo te sientes pero no vas a enseñarle cómo agarrar el
bisturí. Tienes que confiar en él y seguir las instrucciones. No sé si Frank
tenga una herramienta escondida con la que hace tu bici más rápida antes de las
competencias, o un arreglo con Neptuno para que las corrientes favorezcan a sus
atletas, pero a pesar de que otros te hagan comentarios como: ¿De verdad no
rodaste los 120km antes de tu 70.3? acompañados de caras de pánico, cuando
estás ahí, cuando ves que muchos no saben desmontar de la bici, o que se tienen
que bajar en la hidratación para agarrar su ánfora, ahí es cuando te das cuenta
de que vas muy bien preparado. No acumulaste kilómetros, acumulaste detalles y
al final esos son los que hacen la diferencia.
Dicen que para lograr cualquier meta
lo primero que necesitas es conseguir un entrenador que crea que puedes
lograrlo. ¡Gracias Frank por creer en todos nosotros! #soyendurance
Les dejo un morbosísimo antes y después.