Los invito a hacer un ejercicio de imaginación, no como aquel al que nos invitó Josefina durante el debate presidencial para hacernos ver cómo serían Obrador, Quadri y Peña Nieto si fueran mujeres. Aquí imaginaremos que somos todos estudiantes de primaria, cualquier primaria que no esté en Guerrero, Oaxaca o Michoacán porque si no no podríamos imaginarnos adentro de un salón de clases. Y como compañero tenemos a Nicolás Maduro. Nicolás sería aquel niño que llega siempre vestido con la camisa de su equipo de futbol para que todos sepan de que lado gira no vaya a ser que piensen que le va otro equipo y lo tachen e traidor, siempre tendrá que comentar algo que nadie más sabe porque él y sólo él conoce la verdad. Verdades sobre la vida que lo mismo le contó un fantasma o los investigadores del centro de inoculación de cáncer, que son los mismos que comprobaron la teoría de que si te quedas viendo tu reflejo en el espejo mientras sostienes una vela aparece un niña que te saca la lengua.
Entre su grupo de amigos estaría Vicente Fox. Sí, sabemos que no comparten las teorías sobre si el lunch lo debería de dar la escuela o es mejor comprarlo en la tiendita. Sin embargo comparten el sentido del humor y hacen el mismo tipo de chistes. Como a ambos les gusta el reflector viven su amistad con cierto aire de competencia. Es por eso que el verdadero amigo de Nicolás es Hugo. Hugo ya no está en la escuela pero era un alumno de sexto que tenía encantados a sus compañeros con historias de terror, con villanos innumerables de los que él y sólo él podía salvarlos. Para mantenerse en el gusto de sus amigos también cantaba, secuestraba los micrófonos de la escuela para dar su mensaje de libertad y puso de moda el color rojo. Como Hugo ya no está, Nicolás asegura a sus compañeros que él sigue sus instrucciones, que por cierto le manda mediante un tipo de artefacto que aun no existe.
Los niños le creen pero al llegar a casa sus papás se encargan de hacerles ver que el popular compañero vive parte del tiempo sumido en la fantasía.
Lo triste de esta historia es que lo que les escribí no es del todo cierto, porque Nicolás ya no es un niño, ya es Nicolás Maduro.
Es dificil aceptar la realidad y mejor la evade...diciendo:los acuso con él que se fue y él me dejó a cargo.Aunque yo opino que seria mejor que sus hechos callaran las palabras de sus opositores.
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