La
Ciudad de Caos, una de las más grandes del mundo en donde los problemas viales,
el miedo y el conflicto son parte de su aroma, esta misma ciudad se detuvo por
unas horas y se transformó para mostrarnos lo mejor de cada uno de sus
habitantes.
Ya
he hablado (escrito) antes de lo que representa un corredor y porque el país
requiere de muchos más, de personas que se levantan todas las mañanas con una
meta en mente y que dejarán todo: desveladas, malpasadas con los cuates y hasta
uno que otro vicio por conseguirlo. Porque cuando corren se demuestran a si
mismos de que son capaces de vencer al más grande de los enemigos; su propio
demonio. Pero hoy toca el turno a un grupo de personas que sin ser deportistas,
el pasado domingo nos dieron una muestra de qué están hechos los habitantes de
la Ciudad de México.
Mil
seiscientos voluntarios donaron el bien más valioso en nuestra época, su
tiempo, para ayudar en el desarrollo del Maratón de la Ciudad de México,
pasarles agua e
isotónico a los corredores, algunos simplemente agitaban una
bandera en las calles en las que había menos porra y otros se dedicaron a
animar a cada uno de los 20,000 deportistas que participaron en el evento.
Suena fácil pero ¿se imaginan el esfuerzo que requiere echar porras gritando o
pasarle algo de beber a 20,000 sudorosas personas por más de 5 horas? A estos
voluntarios registrados se les sumaron los ciudadanos que por su cuenta
decidieron llenar las calles con su ánimo y una que otra golosina que corrió
por su cuenta: galletas, gomitas, dulces y hasta refrescos de cola en bolsita
para apoyar a cuando perfecto desconocido que pasara frente a ellos a cumplir
su meta. Adultos mayores, niños, familias enteras algunos con la esperanza de
encontrarse a alguien y otros simplemente contagiados por la magia del evento,
todos ellos inspiraron sin saberlo a alguien a quien no conocían y lo empujaron
a correr más y mejor. ¿Qué pasaría si así fuéramos para todo? Si dedicáramos
una vez al día a pensar qué podemos aportar nosotros para el éxito del que
tenemos al lado, seríamos entonces una ciudad, un país diferente.
Es
cierto, México necesita muchos corredores, pero necesita muchos más
voluntarios. Ellos demostraron el domingo que más que una ciudad grande, podemos
ser una Gran Ciudad.

Mi familia y yo hemos ido a animar a mis tíos que corren desde hace no se cuantos años! Es muy padre! Ves señores disfrazados, descalzos, con perros, carriolas, es todo un show! Pero ir a diferentes puntos para ver a tu corredor es todo un reto, trata de ir a Churubusco o reforma en coche con tu abuelito en silla de ruedas o tus 7 sobrinos! Todo un ritual!
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