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jueves, 18 de abril de 2013

Somos más los buenos


Cuando escribo sobre las cosas en el país y el mundo que deberían cambiar (casi siempre), una persona escribe siempre en mi Facebook: somos más los buenos. La última vez escribió: somos más los buenos ¿qué no te das cuenta?
A ella va este post.

El 19 de septiembre de 1985 un sismo de 8.1 grados con epicentro en el Océano Pacífico afectó principalmente a la Ciudad de México, la tragedia vio nacer a miles de voluntarios que se ofrecieron para remover los escombros, de esta labor y de manera espontánea se fundaron los hoy conocidos Topos, brigada internacional de rescate que ha ayudado en diversas catástrofes. Tampoco podemos olvidar a las personas que todos los días preparaban kilos de comida para alimentar a los voluntarios y aquellos que desde los lugares más lejanos del mundo se solidarizaron y enviaron ayuda de distintas formas.

Esteban Cervantes Barrera mejor conocido como héroe del metro Balderas, el hombre que perdió la vida tratando de desarmar a un sujeto que inició una balacera en el metro para evitar ser detenido.

Victoria Soto la maestra de la escuela Sandy Hook que murió al enfrentar a Adam Lanza después de haber escondido  a varios de sus alumnos en el closet del salón, a quienes por cierto, les salvó la vida.

En este video se ve la labor que los residentes de Sendai llevaron acabo después del Tsunami para rescatar a un padre y sus dos hijos.

Carlos Arrendondo un costarricense que vive en Florida se convirtió en un activista por la paz después de que su hijo muriera en combate en Irak. Este lunes estaba en la meta del maratón de Boston para ver llegar a una persona que corrió en honor a su hijo cuando una de las bombas explotó, en lugar de huir, ayudó a los heridos.  Arredondo a quien se le ubicó como el hombre con el sombrero logró vencer las vallas para permitir que los cuerpos de emergencia atendieran a los heridos. Al cruzar se encontró con un hombre herido de la edad de su hijo, a quien le hizo un torniquete que evitó muriera desangrado y acompañó hasta que fue llevado por una ambulancia.

Un testigo de los ataques a las torres del World Trade Center en Nueva York aseguraba que la tragedia los había cambiado, los había hecho más humanos.

Tardé algunas horas en dar con los nombres de los protagonistas de estas historias, los busqué en google bajo las palabras de: generosidad, resilencia, solidaridad y no encontré nada, todos ellos aparecieron como HÉROES.



martes, 16 de abril de 2013

Maratón de Boston

Correr un maratón quiere decir correr 42kms sin descanso, el tiempo promedio para lograrlo es de 4 horas y 20 minutos, en esas cuatro horas la persona dará aproximadamente 50,000 pasos que golpearán el piso con la fuerza de tres veces su propio peso. El cerebro juega también un papel importante, además de ser el obvio encargado de que el cuerpo se siga moviendo, se enfrenta al estrés que supone ver como sus reservas de energía se van acabando. Y por último está la voluntad, la que cada corredor necesita durante al menos 4 meses de entrenamiento para levantarse todos los días y cumplir con ese pequeño paso que lo llevará al maratón y que en el mismo lo mantendrá corriendo aun cuando su cerebro mande señales de agotamiento y su cuerpo esté ampollado, deshidratado y al límite de sus capacidades.

Más de 20,000 personas se inscriben sabiendo que sólo dos llegarán en primer lugar, un hombre y una mujer. La principal competencia son ellos mismos, se preparan para un recorrido de cuatro horas en las que harán un viaje a su conciencia: unos recuerdan, otros resulven problemas, otros lloran, un momento para demostrarse que nunca es demasiado tarde para convertirse en atleta. Cada una de las personas que cruzan la línea de meta de un maratón, sin importar el tiempo en el que lo hagan son una muestra de cómo la voluntad humana está por encima de lo que creíamos físicamente posible, es una historia de triunfo tan grande que podría ponernos la piel de gallina.

Bill Richard es uno de esos corredores que buscaba cruzar la meta en el maratón de Boston, para apoyarlo lo esperaban su esposa y sus tres hijos, la mejor medalla que puede recibir cualquier corredor. Estaban listos para verlo en la línea de llegada cuando ocurrieron las explosiones, uno de sus hijos quedó ileso, su esposa e hija de 6 años se recuperan de las heridas y su hijo de 8 años perdió la vida.
No es que lo que haya pasado ayer sea mayor o menor tragedia, cualquiera que cobre la vida de una sola persona es para lamentar, pero me pregunto a cuántos corredores a partir de ayer, al cruzar la meta, les pasará por la cabeza un dejo de tristeza por quienes decidieron opacar un evento creado para mostrar la grandea de la voluntad humana, con lo más deleznable que somos capaces de hacer como especie.