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viernes, 26 de septiembre de 2014

#TerceraFrontera Parte 3 Entrenamiento y Nutrición

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            Para explicarles en dónde estoy es importantísimo contarles de dónde vengo. Hace 6 meses, después de haber terminado el 70.3 de Monterrey con un tiempo de 7 horas con 8 minutos le dije a Frank dos cosas; que no quería volver a hacer un triatlón de esa distancia en al menos dos años y que a partir de ahora el alto rendimiento lo iba a tener sólo en las clases de zumba.  En realidad nunca he hecho zumba, pero era la mejor manera de explicar la frustración que sentía tras haber entrenado tanto y seguido una dieta en la que lo único que gané fue grasa. Y sí, nos encanta el deporte, pero también sus efectos secundarios y yo llegaba a una competencia que me había exigido muchísimo entrenamiento, con los jeans apretados.

            Como en esta vida sólo hace falta decir “no” para que termines por hacer lo contrario, dos meses después ya me encontraba de nuevo entrenando para otro 70.3. En esta ocasión el plan fue distinto, mi primera sesión de entrenamiento fue una serie de 2x10 titulada “cómo subirte a la báscula sin miedo”. Eli me advirtió desde el principio que cada paciente era un nuevo aprendizaje y que iríamos ajustando y aprendiendo en el camino. También advirtió que estaría en contacto constante con Frank para ajustar la dieta a las necesidades del entrenamiento, esta última no se la creí, eso dicen siempre los nutriólogos, pensé. Al final mi caso no era tan sencillo. Las dietas altas en carbohidratos ideales para triatletas que queman más de 3000 calorías diarias, a mi me inflan como globo. Hicimos 2 pruebas de lactato, una de VO2 MAX y una calorimetría… sí, todo en el consultorio.  A pesar de la ciencia, en el fondo pensaba que acumulábamos datos por que sí  y que el éxito de la dieta se basaba en pocas calorías y en ponerme a comer jitomate en la colación. ¡Sí! ¡Jitomate!  Hasta que vas notando que detrás del jitomate, los espárragos o el atún obligatorio se esconden una serie de nutrimentos específicos que consiguen que no te desmayes a pesar de las 3000 calorías o más que quemas diario.

            Hice Veracruz como parte del entrenamiento, al terminar le dije a Frank que por alguna razón las piernas no me daban para pedalear a más de 22km/hr (OMG!) No dijo nada, bueno sí, dijo: “No me gustaron tus tiempos en la bici”. El lunes siguiente, Eli hizo un cambio en mi dieta porque dijo que mis músculos no se estaban alcanzando a recuperar. ¡Bingo! Ahí noté que en efecto, sí estaba en contacto constante con Frank y que haber agregado 1 fruta a mi dieta era suficiente para acabar con el dolor de piernas y el vergonzoso 22km/hr

            Llegué a Cozumel con 5.5 kg menos de grasa y como 2kg más de masa muscular. El plan de alimentación precompetencia estaba perfectamente diseñado para que acumulara la mayor cantidad de agua y glucógeno posible. Los alimentos para la competencia fueron elegidos tomando en cuenta los resultados de la prueba de lactato. Todo estaba fríamente y científicamente calculado, menos la maldita hamburguesa que me enfermó justo 2 días antes del 70.3. Sí, toda esa agua que estaba guardando celosamente en mi cuerpo, se escapaba en pocas horas acompañada de un fuerte dolor de estómago. Conté al menos 5 mensajes de Eli durante el día con medidas de emergencia para arreglar el problema, medicamentos, dosis extra de “vida suero oral” y tres más que decían “¿cómo sigues? Estoy preocupada”. No les cuento esto con alguna obsesión escatológica, sino porque cuando te preparas para competir más de 6 horas, con una temperatura mayor a los 30 grados, el riesgo de deshidratación es un tema mayor.

            Llegó el momento de ponerme a prueba. Seguí al pie de la letra las instrucciones de Frank y Eli. No sentí hambre, no sentí ningún bajón ni falta de energía. Crucé la meta a las 6 horas con 16 minutos, 52 minutos menos de lo que había hecho sólo 6 meses antes, con condiciones climáticas mucho más complicas. (Y sintiéndome más cómoda en el trisuit). Pero lo que fue todavía más grande, fue el darme cuenta de que todo era posible, que el esfuerzo había valido al pena,  que volví a ver con amor  las largas distancias, que dejé las clases de zumba en el olvido y que al terminar me hice esa pregunta que nos hacemos todos los enamorados de este deporte: y ahora ¿qué sigue?


Elizabeth Reyes (Nutrióloga) @nutrierc @Elizabeth Reyes

            No sé si también les pase a los hombres, pero al menos la mayoría de las mujeres sabemos que ir al nutriólogo es un asunto emocionalmente complicado. Al final los lazos que tenemos con la comida son mucho más que sobrevivir. Y cuando además somos intensitos para el deporte, lo que comemos es la garantía para que lo hagamos al máximo de nuestra capacidad y que lo podamos seguir haciendo el mayor número de años posible. Eli ha sido en estos 4 meses nutrióloga, psicóloga, motivadora, porrista, maestra y ejemplo. Porque además del conocimiento que respalda su profesión, es una excelente corredora y eso la hace entender nuestras necesidades desde una perspectiva muy particular. Si a eso agregamos la comunicación constante que tiene con Frank para tratar cada caso de forma individual, son una mezcla ideal. Eli no tengo palabras para agradecerte porque uso al menos dos todas las mañanas frente al espejo.

Frank Martínez (Coach) +Endurance MX  

            Elegir un coach es como elegir un médico, debes decirle cómo te sientes pero no vas a enseñarle cómo agarrar el bisturí. Tienes que confiar en él y seguir las instrucciones. No sé si Frank tenga una herramienta escondida con la que hace tu bici más rápida antes de las competencias, o un arreglo con Neptuno para que las corrientes favorezcan a sus atletas, pero a pesar de que otros te hagan comentarios como: ¿De verdad no rodaste los 120km antes de tu 70.3? acompañados de caras de pánico, cuando estás ahí, cuando ves que muchos no saben desmontar de la bici, o que se tienen que bajar en la hidratación para agarrar su ánfora, ahí es cuando te das cuenta de que vas muy bien preparado. No acumulaste kilómetros, acumulaste detalles y al final esos son los que hacen la diferencia.

            Dicen que para lograr cualquier meta lo primero que necesitas es conseguir un entrenador que crea que puedes lograrlo. ¡Gracias Frank por creer en todos nosotros! #soyendurance 

Les dejo un morbosísimo antes y después.

lunes, 20 de mayo de 2013

La dieta de la marihuana


El afán de la humanidad por tener un cuerpo escultural es tan viejo como nuestra historia y los métodos para conseguirlo han sido variados desde los más drásticos que involucran quirófanos de por medio hasta los esotéricos como la dieta de la luna.

Es ahora un nuevo estudio publicado en el Diario Americano de Medicina que encontró una relación entre los consumidores frecuentes de marihuana y una cintura pequeña.  Este estudio buscaba evidencia entre el uso de cannabinoides y un mejor funcionamiento del sistema metabólico, como resultado encontró que aquellos que fumaban marihuana  tenían una cintura más pequeña y niveles más bajos de insulina.  Otro estudio dado a conocer en el 2011 y llevado a cabo por una compañía farmacéutica Inglesa también señalaba, después de llevar a cabo pruebas en animales,  que los componentes encontrados en la planta aumentaban el metabolismo, ayudaban a perder grasa con mayor facilidad y reducían los niveles de colesterol. Los ratones que fueron parte en este estudio lograron mantenerse delgados a pesar de tener una dieta alta en grasa y sin ningún tipo de actividad física fuera de lo normal. (Además de que no dejaron de carcajearse el tiempo que duró el estudio).

Bajo ninguna circunstancia fumar lo que sea es un remedio para mejorar la salud y a pesar de que los ratones puedan tener un supermetabolismo consumiendo alimentos altos en grasa, los amantes de las dietas fáciles tendrán que saber que para un cuerpo saludable no sólo es importante el resultado en kilogramos si no la calidad de los alimentos que te pones en la boca. Mientras tanto habrá que esperar a que la ciencia avance lo suficiente para tener de esta planta los efectos más saludables y eliminar los de mayor riesgo, que sin duda lo harán ya que la industria de pérdida de peso vale en Estados Unidos $62 mil millones de dólares, el equivalente a la balanza comercial México-China durante el año pasado (aunque la balanza esté más "flaca" del lado mexicano) o el  equivalente a los daños que dejó el huracán Catrina.