Bacinica,
Anivdelarev, Leididi y demás palabras que vengan a nuestra mente con sentido o
sin él pueden ser utilizadas para nombrar a cualquier persona, no por molestar,
(por joder) sino para registrarlas en el registro civil para que sea la vida
quien se encargue de siempre exista quien los moleste. En el Código Civil del
Distrito Federal no hay ningún artículo que regule el nombre salvo por el 58 en
el que el juez exhortará a quien registre al menor que el nombre no sea
peyorativo, discriminatorio, infamante, denigrante, carente de significado o
que constituya un signo, símbolo o siglas que bien lo expongan a ser objeto de
burla. Pero cuando hablamos de los
apellidos sí. El menor será registrado con el apellido paterno de ambos padres
o con los dos apellidos del que lo reconozca. Hasta ahí bien. Ese nombre deberá
acompañarnos por el resto de nuestra de vida. Sin embargo hay una vieja
costumbre que ha encontrado manera de sobrevivir en nuestros días, la de la mujer que al contraer matrimonio echa por
la borda el apellido materno y lo cambia por el de su marido, convirtiéndose en
la Señora De… Señora Juana Pérez de Fulano de Tal.
No
hay, no existe, artículo alguno que diga que esto deba ser así, la ley no lo
contempla. Cualquier mujer que arrastrada por el romanticismo haya encontrado
la manera de expedir algún documento con el apellido de su esposo sabrá en los
embrollos que se mete cuando tiene documentos que la identifican con nombres
diferentes, el de soltera y el de casada.
Si
bien la ley no lo contempla no podemos negar la existencia de esta costumbre
basada en años de machismo e ignorancia en los que la mujer que se casaba no
sólo se cambiaba el apellido sino le agregaba el molestísimo “de”, muestra de
que ahora le pertenece al marido. Cada vez son menos la mujeres que hacen este
cambio, bien porque carece de sentido legal y hasta moral. Esto quizá no fuera
tan importante si la persona que decidió adoptar el apellido de su marido fuera
nuestra vecina, allá ella con decir que tiene un nombre diferente o si lo hace
más allá del protocolo meterse en un lio de papeles, pero ¿qué pasa y qué nos
dice cuando quien adopta una costumbre no contemplada por la ley es la Primera
Dama del país?
Angélica
Rivera de Peña, así se le presenta de manera oficial en la página de la
presidencia. ¿Es protocolo presidencial? Hasta donde yo recuerdo no lo hacía
Margarita Zavala ¿o si? En su cuenta de twitter se presenta como Margarita
Zavala GC (Gómez del Campo) ¿Qué quieren decirnos haciendo uso de una vieja
costumbre que no contempla la ley? ¿Tiene un mensaje o fue sólo un desliz? ¿Son
las costumbres por encima de la ley o una estrategia perfectamente planeada
para crear la figura que necesita el presidente a su lado? Ojalá algún día lo
sepamos porque a veces se dice mucho cuando no nos dicen nada.
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