-No importa quién sea el elegido, aquí estaremos para apoyarlo y seguir caminando para el crecimiento de la iglesia.
Escuché las palabras de este católico y me pregunté qué pasaría si los ciudadanos tuviéramos frente a nuestro gobierno la misma posición, si en vez de ser electores, fuéramos fieles.
Este es un ejercicio que debe analizarse desde dos frentes: el idealista y el realista, por no decir el pesimista.
El idealista
Sin importar si nosotros votamos por el de Tabasco, el del Edo. de México o la chilanga, el ganador tendría todo nuestro apoyo. No hay que ser muy sabios para entender que un presidente sin apoyo no aporta nada nadie, es tan perjudicial para sus seguidores como para sus opositores.
Cuando algo nos molestara sobre la situación en la que estamos, en vez de hacer marchas y manifestaciones, alzaríamos nuestra voz al altísimo, que evidentemente no me refiero a nuestro presidente, y armaríamos una escandalosísima plegaria. Cambiando el "demandamos" por un "te rogamos señor".
No tendríamos que esperar a que el policía nos cachara cometiendo una infracción o la Secretaria de hacienda nos mandara cartas de amor invitándonos a pagar nuestros impuestos, sería tal la culpa que pesaría sobre nuestros hombros que correríamos a confesar nuestros pecados.
Olvídense de la millonaria instalación de cámaras de seguridad como las del Distrito Federal, nos bastaría la fe para saber que alguien siempre nos está observando.
Pero ahora va la mala
Como nuestro sistema político iba a estar sustentado en la fe, cada vez que alguien metiera la pata en vez de asumir responsabilidad sobre sus hechos le iba a echar la culpa a algún ser divino cuyas intenciones son demasiado diabólicas como para confesar, aunque creo que eso ya pasa.
Ya que la toma de decisiones iba a quedar reducida a un pequeño grupo, seguro formarían algún club de machines del cual las mujeres quedaríamos fuera o reducidas al mínimo, aunque creo, que eso también ya pasa.
Y si alguna de las cabezas cometiera un terrible crimen, entre ellos se encargarían de cubrirle la espalda para que quedara en total impunidad y aquí, también nos sobran los casos en los que eso pasa.
Cuando alguien incurriera en actividades que generaran sospecha nos responderían algo así como: un buen ciudadano no cuestiona los misterios del señor, y créanme también pasa.
Así que como en esta analogía nos ha quedado claro que la realidad se parece mucho al peor de los panoramas, podemos entender porque se dice que la fe muere al último.