Si en algo somos malos en México es
para las cuentas. Hasta esta semana se anuncia que comenzarán a realizar el
censo para saber cuántos maestros, alumnos y administrativos tiene cada
escuela. Una pregunta que debería ser tan fácil de responder como preguntar ¿a
cuántos estamos pagando? y a ¿cuántos tenemos registrados como estudiantes?
Pero como somos malos para el número pues habrá que contarlos. La idea no es
mala, lo que resulta sorprendente es que no se haya hecho antes.
La Secretaria de Desarrollo Social
Rosario Robles dijo que no sabe qué porcentaje de la ayuda que están recibiendo
los damnificados por las lluvias proviene del gobierno y cuánto de los
donativos ciudadanos. Que aun no hace esas cuentas, pero que lo importante es
que la ayuda está llegando. Si les digo, habrá que prestarle aun ábaco a la
autoridad federal.
Las manifestaciones son otro de los
ejemplos de lo mal que estamos en matemáticas. Cuando se pregunta ¿cuántas
personas asistieron? Siempre hay dos cuentas: las del gobierno y la de los
manifestantes. La cuenta de los segundos siempre es mayor, claro si sus
consignas son dispares a los intereses del gobierno, i no, aunque rara vez
pasa, coinciden en los números.
El año pasado los diputados
gastaron, perdón, invirtieron $79 millones de pesos en un tablero electrónico
para sus votaciones, si les digo que eso del ábaco no es mala idea. Hoy el
tablero falló, ya ven que luego así pasa con las cosas tan caras, y pasamos de
las malas cuentas a “lo que te cuentas” porque la falla dio pié a que empezaran
a sonar las voces que entonaron esa conocida canción de “Esto es un complot”.
Y eso que no vamos a tocar el
espinoso tema de cómo nos salen mal los números cuando contamos muertos o
desaparecidos, tampoco municipios dañados por las lluvias. No es sorpresa que
en el 2009 México quedara en el lugar 46 de matemáticas en la prueba PISA,
varios lugares por debajo de la media. El problema de fondo es que se acerca
una reforma hacendaria que de aprobarse de la forma en la que se apruebe será
una manera más en la que el gobierno al que no le salen las cuentas nos diga
tiernamente que espera poder contar con nosotros.
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