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martes, 24 de septiembre de 2013

En México somos malos para contar

            Si en algo somos malos en México es para las cuentas. Hasta esta semana se anuncia que comenzarán a realizar el censo para saber cuántos maestros, alumnos y administrativos tiene cada escuela. Una pregunta que debería ser tan fácil de responder como preguntar ¿a cuántos estamos pagando? y a ¿cuántos tenemos registrados como estudiantes? Pero como somos malos para el número pues habrá que contarlos. La idea no es mala, lo que resulta sorprendente es que no se haya hecho antes.

            La Secretaria de Desarrollo Social Rosario Robles dijo que no sabe qué porcentaje de la ayuda que están recibiendo los damnificados por las lluvias proviene del gobierno y cuánto de los donativos ciudadanos. Que aun no hace esas cuentas, pero que lo importante es que la ayuda está llegando. Si les digo, habrá que prestarle aun ábaco a la autoridad federal.

            Las manifestaciones son otro de los ejemplos de lo mal que estamos en matemáticas. Cuando se pregunta ¿cuántas personas asistieron? Siempre hay dos cuentas: las del gobierno y la de los manifestantes. La cuenta de los segundos siempre es mayor, claro si sus consignas son dispares a los intereses del gobierno, i no, aunque rara vez pasa, coinciden en los números.

            El año pasado los diputados gastaron, perdón, invirtieron $79 millones de pesos en un tablero electrónico para sus votaciones, si les digo que eso del ábaco no es mala idea. Hoy el tablero falló, ya ven que luego así pasa con las cosas tan caras, y pasamos de las malas cuentas a “lo que te cuentas” porque la falla dio pié a que empezaran a sonar las voces que entonaron esa conocida canción de “Esto es un complot”.


            Y eso que no vamos a tocar el espinoso tema de cómo nos salen mal los números cuando contamos muertos o desaparecidos, tampoco municipios dañados por las lluvias. No es sorpresa que en el 2009 México quedara en el lugar 46 de matemáticas en la prueba PISA, varios lugares por debajo de la media. El problema de fondo es que se acerca una reforma hacendaria que de aprobarse de la forma en la que se apruebe será una manera más en la que el gobierno al que no le salen las cuentas nos diga tiernamente que espera poder contar con nosotros.

lunes, 15 de abril de 2013

Seis años con el lenguaje del narco

Seis años fueron tiempo suficiente para reeducarnos, no a través del sistema educativo tradicional, sino de la comunicación de gobierno para para agregar al lenguaje de uso cotidiano palabras como: levantón, lugarteniente, capo, narcofosa, narcomanta, narcotunel, encobijado, encajuelado, sicario y ejecución entre otras.
Fueron seis años en los que aprendimos que los narcotraficantes no se peleaban por controlar la venta de drogas en zonas formadas por comunidades con escuelas, iglesias, familias y lugares llenos de personas con nombres y apellidos sino por el control de “plazas”.
Las tragedias de centenas de cuerpos enterrados de manera clandestina en medio de la nada  dejaron de ser los nombres de las personas que habían dejado su comunidad de origen para buscar una oportunidad laboral, por llamarse “narcofosas”.
A través del uso del lenguaje se evitaron investigaciones, cuando un crimen se definía como un “ajuste de cuentas” o un “enfrentamiento entre bandas rivales” era motivo suficiente para no buscar más.
Ser “Narco” se convirtió en una profesión y en ocasiones una mucho mejor evaluada y de mayor orgullo que muchas otras formas legítimas de ganarse la vida. Pero también aprendimos que hay “narcos” de distintas categorías, están los de abajo que mueren en conjunto, no tienen nombre, a lo mucho se les distingue por el tatuaje y se les divide sólo en sexo y grupos de edad, cuando son atrapados por las autoridades se les presenta a los medios de comunicación en grupo.  Y está la otra categoría, los de arriba, de ellos apredimos que usan camisas Polo, tienen apodos para que sea mas facil recordarlos, las autoridades no los mataban; los "abatían", tenían "lugartenientes", casa de lujo y si eran detenidosnpor las autoridades sus presentaciones iban de las conferencias de prensa a las entrevistas en televisión nacional. En medio de estos dos grupos había otra categoría; la de las reinas de belleza.

¿Cuántas veces nos fueron presentados asesinos, parientes de delincuentes, grandes lavadores de dinero, que después resultaron no ser la misma persona que la autoridad creía? ¿Y cuánto tiempo dedicaron a remendar el error? ¿Nos los volvieron a presentar como ciudadanos ejemplares, o al menos como lo suficientemente respetables que eran antes del error?

¿Qué tan importante es una buena estrategia de comunicación para el tema de seguridad en el país? Ahí va una pregunta que los llevará a meditar.
Piensen rápido, digan los primeros dos nombres o apodos que les vengan a la cabeza de personajes ligados al narcotráfico.
Ahora denme los nombres de dos de sus víctimas.
En seis años olvidamos qué era lo realmente importante.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Nuestro gobierno es mala madre

No hay duda, el gobierno es una mala madre. No me refiero a una autoridad en específico, o al gobierno local o federal, en algún momento todos acaban comportándose como la peor de las progenitoras.

Oaxaca y Guerrero son un buen ejemplo, los maestros aprovechan la temporada vacacional para cerrar carreteras o tomarlas, bloquear comercios, lo que sea con tal de ser escuchados y que sus negociaciones sean fructíferas. De la misma forma que lo hace un niño de 2 años empeñado, valga las proporciones, en que su mamá le compre un juguete. Como la mamá dice que no, el niño se tira al piso, patalea y llora tan fuerte que podrían escucharlo en Marte (planeta en el que se dice viven las madres pacientes, se dice, porque nadie las ha visto). Él no hace este escándalo en la privacidad de su casa, lo hace en el centro comercial, en casa de los abuelos o donde crea que podrá incomodar más. Una madre inteligente levantaría a su hijo del piso con cara de aquí no pasa nada y lo trasladaría a un lugar en donde pudiera seguir haciendo su berrinche sin incomodar ni ponerse en peligro, una vez que dejara de llorar y amenazar con hacerla quedar como la pero mamá del mundo, entonces hablaría con él, pero como esta es una magnífica madre hay algo que nunca haría: comprarle el juguete.

Los que tenemos hijos sabemos que a la hora de educar en el pecado llevamos la penitencia, hoy los maestros de la sección 22 de Oaxaca amenazan que si sus peticiones no son cumplidas en tiempo y forma volverán a su versión adulta del berrinche en el piso.

Ahora vamos al DF en donde gobernar como mala madre parece herencia familiar que se transmite a través de las generaciones. Una buena madre le dice a su hijo "Te doy 3 para que te sientes", "1, 2..." Si al llegar al 3 el niño no ha obedecido, la madre se habrá encargado de sentarlo. Una mala madre hace así: "Te doy 3 para sentarte, 1, 2, 2 y medio, 2 tres cuartos.... uno, dos..." El gobierno del DF nos dice: "Tienen hasta Marzo para pagar su tenencia haciendo uso del subsidio, ya es Febrero, ya es Marzo, ya es mediados de Marzo... está bien, les damos hasta Abril". No sé si las autoridades lo noten o si siquiera les importe pero cada vez que apapachan al hijo desobediente es como si castigaran al que se porta bien. Luego no se quejen de la baja recaudación de impuestos. Y es que al igual que a una mala madre, nuestros gobiernos han perdido autoridad.