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lunes, 15 de abril de 2013

Seis años con el lenguaje del narco

Seis años fueron tiempo suficiente para reeducarnos, no a través del sistema educativo tradicional, sino de la comunicación de gobierno para para agregar al lenguaje de uso cotidiano palabras como: levantón, lugarteniente, capo, narcofosa, narcomanta, narcotunel, encobijado, encajuelado, sicario y ejecución entre otras.
Fueron seis años en los que aprendimos que los narcotraficantes no se peleaban por controlar la venta de drogas en zonas formadas por comunidades con escuelas, iglesias, familias y lugares llenos de personas con nombres y apellidos sino por el control de “plazas”.
Las tragedias de centenas de cuerpos enterrados de manera clandestina en medio de la nada  dejaron de ser los nombres de las personas que habían dejado su comunidad de origen para buscar una oportunidad laboral, por llamarse “narcofosas”.
A través del uso del lenguaje se evitaron investigaciones, cuando un crimen se definía como un “ajuste de cuentas” o un “enfrentamiento entre bandas rivales” era motivo suficiente para no buscar más.
Ser “Narco” se convirtió en una profesión y en ocasiones una mucho mejor evaluada y de mayor orgullo que muchas otras formas legítimas de ganarse la vida. Pero también aprendimos que hay “narcos” de distintas categorías, están los de abajo que mueren en conjunto, no tienen nombre, a lo mucho se les distingue por el tatuaje y se les divide sólo en sexo y grupos de edad, cuando son atrapados por las autoridades se les presenta a los medios de comunicación en grupo.  Y está la otra categoría, los de arriba, de ellos apredimos que usan camisas Polo, tienen apodos para que sea mas facil recordarlos, las autoridades no los mataban; los "abatían", tenían "lugartenientes", casa de lujo y si eran detenidosnpor las autoridades sus presentaciones iban de las conferencias de prensa a las entrevistas en televisión nacional. En medio de estos dos grupos había otra categoría; la de las reinas de belleza.

¿Cuántas veces nos fueron presentados asesinos, parientes de delincuentes, grandes lavadores de dinero, que después resultaron no ser la misma persona que la autoridad creía? ¿Y cuánto tiempo dedicaron a remendar el error? ¿Nos los volvieron a presentar como ciudadanos ejemplares, o al menos como lo suficientemente respetables que eran antes del error?

¿Qué tan importante es una buena estrategia de comunicación para el tema de seguridad en el país? Ahí va una pregunta que los llevará a meditar.
Piensen rápido, digan los primeros dos nombres o apodos que les vengan a la cabeza de personajes ligados al narcotráfico.
Ahora denme los nombres de dos de sus víctimas.
En seis años olvidamos qué era lo realmente importante.