Seis
años fueron tiempo suficiente para reeducarnos, no a través del sistema
educativo tradicional, sino de la comunicación de gobierno para para
agregar al lenguaje de uso cotidiano palabras como: levantón,
lugarteniente, capo, narcofosa, narcomanta, narcotunel, encobijado,
encajuelado, sicario y ejecución entre otras.
Fueron
seis años en los que aprendimos que los narcotraficantes no se peleaban
por controlar la venta de drogas en zonas formadas por comunidades con
escuelas, iglesias, familias y lugares llenos de personas con nombres y
apellidos sino por el control de “plazas”.
Las
tragedias de centenas de cuerpos enterrados de manera clandestina en
medio de la nada dejaron de ser los nombres de las personas que habían
dejado su comunidad de origen para buscar una oportunidad laboral, por
llamarse “narcofosas”.
A
través del uso del lenguaje se evitaron investigaciones, cuando un
crimen se definía como un “ajuste de cuentas” o un “enfrentamiento entre
bandas rivales” era motivo suficiente para no buscar más.
Ser
“Narco” se convirtió en una profesión y en ocasiones una mucho mejor
evaluada y de mayor orgullo que muchas otras formas legítimas de ganarse
la vida. Pero también aprendimos que hay “narcos” de distintas
categorías, están los de abajo que mueren en conjunto, no tienen nombre,
a lo mucho se les distingue por el tatuaje y se les divide sólo en sexo
y grupos de edad, cuando son atrapados por las autoridades se les
presenta a los medios de comunicación en grupo. Y está la otra
categoría, los de arriba, de ellos apredimos que usan camisas Polo,
tienen apodos para que sea mas facil recordarlos, las autoridades no los
mataban; los "abatían", tenían "lugartenientes", casa de lujo y si eran
detenidosnpor las autoridades sus presentaciones iban de las
conferencias de prensa a las entrevistas en televisión nacional. En
medio de estos dos grupos había otra categoría; la de las reinas de
belleza.
¿Cuántas
veces nos fueron presentados asesinos, parientes de delincuentes,
grandes lavadores de dinero, que después resultaron no ser la misma
persona que la autoridad creía? ¿Y cuánto tiempo dedicaron a remendar el
error? ¿Nos los volvieron a presentar como ciudadanos ejemplares, o al
menos como lo suficientemente respetables que eran antes del error?
¿Qué
tan importante es una buena estrategia de comunicación para el tema de
seguridad en el país? Ahí va una pregunta que los llevará a meditar.
Piensen rápido, digan los primeros dos nombres o apodos que les vengan a la cabeza de personajes ligados al narcotráfico.
Ahora denme los nombres de dos de sus víctimas.
En seis años olvidamos qué era lo realmente importante.