Tres situaciones en las que
políticos y funcionarios decidieron ser honestos pese a la brutalidad de sus
declaraciones es una señal innegable del fin del mundo. Es probable que ello ya
lo sepan y sus derroches de honestidad no sean mas que una confesión para
purificar su alma.
El
fin de semana el panismo se reunió para decirse las netas, quizá por eso
faltaron tantos al evento. La “verdad” venía en forma de documento con la
emoción del mismísimo “yo confieso”. Yo confieso que he caído en los errores de
mi antecesor entre los que se incluyen autoritarismo y corrupción. ¡Tamaño
declaración! Que además ahora lo convierte en un pecado mayor: el de omisión.
Porque sería muy interesante que su comisión de mejora y evaluación le pusiera
nombre y apellido a cada pecado y que como buenos católicos romanos apostólicos
hicieran penitencia denunciándolo a las autoridades correspondientes. #Ayaja me
pasé de ingenua.
Esta misma semana se dio a conocer que la PGR admitió que
no tiene pruebas que den sustento a las declaraciones de los testigos
protegidos que fueron razón suficiente para que en Agosto les dictaran formal
prisión a los generales Tomás Ángeles y Roberto Dawe. Así que ahora sólo falta
esperar un: “Gracias por haber sido huéspedes incómodos de nuestro fallido
sistema de justicia, ahora pueden volver a casa”. Porque eso de pedir perdón,
no creo que vaya a suceder. Ahora bien, con esos métodos de investigación más
habría valido que la PGR utilizara videntes en vez de testigos protegidos.
Seguro que los encuentran hasta con los mismos nombres. Madame Jeniffer o Mateo
Mercado.
Y el último ejercicio de honestidad viene del Instituto de
Información y de Acceso a la Opinión Pública de toda la Información Disponible
para la Ciudadanía dese el Gobierno, mejor conocido como el IFAI. Fue nombrado el Comisionado Presidente
de este instituto Gerardo Lavega, pero a uno de los comisionados, Ángel
Trinidad Zaldivar, no le pareció el nombramiento, llamó al presidente perezoso
por tener un retraso en sus asuntos, a lo que Laveaga, en un ejercicio de
honestidad confesó, que no tenía 291 asuntos en el escritorio, eran 250 pero
que su problema era que leía más lento que el resto de sus compañeros. Después
fue acusado de haberse quedado dormido durante un debate con el senado, a lo
que respondió: “Sí, cerré los ojos, pero sólo para escuchar mejor”.
Aquí tres contundentes pruebas de que el mundo está
cambiando, ¿qué tiene que asustarnos? ¡Qué a penas es martes!
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