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jueves, 10 de enero de 2013

No es... pero parece y nos conformamos.


Imaginemos.
Una tienda de conveniencia fue asaltada por un joven fuertemente armado, se llevó $5,000 de la caja y 3 pastelitos rellenos de mermelada de fresa. (Para hacer el asunto menos trágico).
El dueño de la tienda exige justicia.
Los clientes de la tienda exigen justicia, encontrar a un culpable no sólo significa que el sistema funciona, sino les da la sensación de seguridad.
La sociedad también quiere un final feliz, de esa forma, cada vez que se coman un pastelito relleno de mermelada de fresa sabrán que viven en una comunidad justa.

El goloso ladrón ya se gastó el dinero y los pastelitos terminaron en su estómago, así que reparar el daño de manera íntegra es prácticamente imposible, pero tenemos que reparar las conciencias, así que de igual forma es importante dar con el delincuente.

Las autoridades nos presentan a Juan, él no cometió el robo, pero se parece al que lo hizo, es más, son parientes. Tendrá que pasar por un engorroso proceso legal para probar su inocencia y desembolsar algo de dinero. El dueño de la tienda tendrá de la duda de si él es en realidad el culpable pero se sentirá tranquilo ante la idea de que las autoridades estén haciendo su trabajo, aunque sus resultados no sean correctos, pero se aproximen.

¿Puede ser el sistema de justicia y el de reparación de daños un sistema de proximidad? ¿Nos hemos convertido en una sociedad que agradece lo cercano a lo correcto, aunque lo cercano no funcione? Total, ya lo iremos reparando en el camino.

Sicilia le agradece al presidente que haya cumplido con su palabra y el presidente dice, aquí esta la ley, aunque es perfectible. Y nosotros nos quedamos pasmados. Es como si entregáramos el examen en la escuela y le dijéramos al maestro: aquí está, pero puedo hacerlo mejor, deja que llegue a mi casa y te voy mandando whatsapps con las respuestas correctas. Seguramente el maestro no lo admitiría, porque no es profesional y porque no se ve bien. En el caso de la Ley de Víctimas, tampoco es profesional, pero es admitido, porque aquí lo que importa es que se vea bien.

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