Decía
mi papá que comprar un coche era como tener un hijo. Y seguramente se refería a
la responsabilidad financiera que este conlleva, no sólo se trata de ahorra
para el coche, hay que llevarlo al pediatra, perdón, al taller, ponerle
gasolina (que cada día esta más cara), pagarle un seguro, no vaya a ser que
nuestro adquirido hijo nos meta en mayores problemas y año con año pagarle al
estado un impuesto por haber tomado la irresponsable decisión de tener un hijo
que usa llantas, la tenencia.
Erase una época lejana en la que Felipe Calderón era candidato a la presidencia y prometió eliminar la tenencia. Ya como presidente, dejó esta responsabilidad en manos de los estados, así que él ya había quitado el dedo del renglón. Cómo lo de la política es prometer, en su meomento Eruviel Ávila, entonces candidato a gobernador del Estado de México, prometió 2 cosas: quitar la tenencia y que también aquellos que vivían en el DF, pero quisieran sacarle placas del Estado de México ,pudieran hacerse del tan deseado y mal llamado subsidio. Así que los pobladores de la ciudad alzaron una ceja y le cuestionaron al entonces jefe de gobierno Marcelo Ebrard “¿y tú para cuándo?”.
-Imposible
–contestó Marcelo- La tenencia paga por el transporte público.
Pero lo consultó con su almohada, sus asesores, los legisladores y encontró que siempre sí había varita mágica, um subsidio para vehículos de precio menor a los $350,000. Y así funcionaron las cosas, durante un tiempo.
Pero lo consultó con su almohada, sus asesores, los legisladores y encontró que siempre sí había varita mágica, um subsidio para vehículos de precio menor a los $350,000. Y así funcionaron las cosas, durante un tiempo.
La
paz se vivió en los dos reinos hasta que vino el cambio de poder, y las arcas
del Distrito Federal cayeron en cuenta de que necesitaban más dinero, así que
buscaron echar mano de bolsa de la tenencia reduciendo el subsidio. Aunque
cuando decimos “buscaron”, aun no sabemos si nos referimos a la Asamblea, el
Jefe de Gobierno o un grupo de codiciosos duendes invisibles, porque nadie ha querido
asumir el costo político de esta decisión. Sin embargo, esta decisión no podrán tomarla solos, porque
bien podrían muchos capitalinos decidir que el Estado de México no está tan
lejos y que ahorrarse $4,000 anuales bien valdría la pena el viaje. Mancera
está confiado de que llegará a un consenso, pero Eruviel… bueno, esa fue su
promesa de campaña ¿tendremos memoria tan corta como para que pueda romperse
tan poco tiempo después de haber asumido el poder?
Ahora,
imaginemos que en esta historia también hay unos duendes buenos, que traen una
varita mágica y desaparecen de la cabeza de los funcionarios la idea de la
tenencia. ¿Todo es lindo? No. Necesitaríamos un ejército de duendes para
cambiar el tono de este cuento, porque les falta verificación y la tan mentada
renovación de la tarjeta de circulación, que sí, dura sólo 3 años, aunque no
sabemos por qué y para renovarla es importante presentar: factura, tarjeta de
circulación anterior, identificación oficial, comprobante de domicilio y las
calificaciones de quinto de primaria, ahhh y la factura de su refri, no vaya a
ser que también se la pidan. Ah y se me olvidaba, su pago.
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