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jueves, 3 de enero de 2013

Un cuento de hadas y tenencias


Decía mi papá que comprar un coche era como tener un hijo. Y seguramente se refería a la responsabilidad financiera que este conlleva, no sólo se trata de ahorra para el coche, hay que llevarlo al pediatra, perdón, al taller, ponerle gasolina (que cada día esta más cara), pagarle un seguro, no vaya a ser que nuestro adquirido hijo nos meta en mayores problemas y año con año pagarle al estado un impuesto por haber tomado la irresponsable decisión de tener un hijo que usa llantas, la tenencia.

Erase una época lejana en la que Felipe Calderón era candidato a la presidencia y prometió eliminar la tenencia. Ya como presidente, dejó esta responsabilidad en manos de los estados, así que él ya había quitado el dedo del renglón. Cómo lo de la política es prometer, en su meomento Eruviel Ávila, entonces candidato a gobernador del Estado de México, prometió 2 cosas: quitar la tenencia y que también aquellos que vivían en el DF, pero quisieran sacarle placas del Estado de México ,pudieran hacerse del tan deseado y mal llamado subsidio. Así que los pobladores de la ciudad alzaron una ceja y le cuestionaron al entonces jefe de gobierno Marcelo Ebrard “¿y tú para cuándo?”.
-Imposible –contestó Marcelo- La tenencia paga por el transporte público.
Pero lo consultó con su almohada, sus asesores, los legisladores y encontró que siempre sí había varita mágica, um subsidio para vehículos de precio menor a los $350,000. Y así funcionaron las cosas, durante un tiempo.
La paz se vivió en los dos reinos hasta que vino el cambio de poder, y las arcas del Distrito Federal cayeron en cuenta de que necesitaban más dinero, así que buscaron echar mano de bolsa de la tenencia reduciendo el subsidio. Aunque cuando decimos “buscaron”, aun no sabemos si nos referimos a la Asamblea, el Jefe de Gobierno o un grupo de codiciosos duendes invisibles, porque nadie ha querido asumir el costo político de esta decisión. Sin embargo,  esta decisión no podrán tomarla solos, porque bien podrían muchos capitalinos decidir que el Estado de México no está tan lejos y que ahorrarse $4,000 anuales bien valdría la pena el viaje. Mancera está confiado de que llegará a un consenso, pero Eruviel… bueno, esa fue su promesa de campaña ¿tendremos memoria tan corta como para que pueda romperse tan poco tiempo después de haber asumido el poder?
Ahora, imaginemos que en esta historia también hay unos duendes buenos, que traen una varita mágica y desaparecen de la cabeza de los funcionarios la idea de la tenencia. ¿Todo es lindo? No. Necesitaríamos un ejército de duendes para cambiar el tono de este cuento, porque les falta verificación y la tan mentada renovación de la tarjeta de circulación, que sí, dura sólo 3 años, aunque no sabemos por qué y para renovarla es importante presentar: factura, tarjeta de circulación anterior, identificación oficial, comprobante de domicilio y las calificaciones de quinto de primaria, ahhh y la factura de su refri, no vaya a ser que también se la pidan. Ah y se me olvidaba, su pago.

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