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lunes, 11 de febrero de 2013

Hasta Pronto


            Esta es una historia que llevo tiempo queriendo contar, quizá tres años, quizá más. Pero son ya 3 días desde que la escribí por completo en mi cabeza que me ha quitado el sueño y que espero tras dejarlo todo aquí, recuperarlo. Tenía pánico a escribir esta historia, como si se fuera a tratar de mi propio réquiem pero esta madrugada descubrí que no la estaba viendo a través de los ojos de quienes a mi me llorarían, mis hijos, sino que me aterraba escribirla por que la estaba viendo a través de mis propios ojos, los de una niña que aun llora a alguien que se fue y los de una adulta que sigue sin comprender por qué algún día todos tenemos que morir.

            Estoy en el baño, que lugar mas raro para que alguien venga a darte noticias serias. Mi tía viene con cara de enojada, o de preocupación, no sé. Pero yo no hice nada malo, ¿me irá a regañar? Mis papás se fueron de viaje hace dos semanas, ella me está cuidando, parece como si fueran vacaciones. Se sienta frente a mi. ¿De verdad no puede esperar a que yo termine lo que estoy haciendo para hablar? ¿Por qué en el baño?

-Tengo que decirte, que tu mamá ya no va a regresar. Se fue al cielo.

            No entiendo muy bien, bueno, si entiendo pero se supone que este es el momento en el que todo mundo espera que me suelte a llorar y grite como lo hacen en las telenovelas que no me dejan ver. Pero yo no siento ganas de eso. Es mas como si fuera un sueño. Tampoco me siento triste, llevo ya dos semanas sin verla ¿qué serán otras más?

            Papá ya volvió, viene solo y se ve triste. Nunca antes lo había visto llorar. De hecho pensé que los papás no lloraban. Dice que él también va a extrañar a mamá, pero que mamá siempre va a estar aquí conmigo. Eso no me queda muy claro. Comienza a llegar más gente y todos tienen la misma cara de papá. Algunos me dan regalos, otros, que ni siquiera conocía me invitan a quedarme en su casa, hay quien ha mencionado hasta salir de viaje. Sigo sin entender por qué yo no puedo llorar, si mamá estuviera aquí, seguro que ella sí me lo podría explicar.

-Recemos para que tu mami esté en el cielo- dice un padre. ¿Por qué no mejor rezamos para que regrese? Pienso, pero me lo callo.
- Tu papi te va a cuidar muy bien- dice otra tía. Pero ni siquiera me sabe peinar.
- Vas a ver que tu mami va a estar aquí contigo- repiten todos.

            Puedo entender que los adultos también digan mentiras, pero decirme que mi mamá va a estar conmigo es una muy cruel. Cuando paso afuera de su puerta espero verla acostada, como siempre estaba. Aunque no jugara conmigo, sabía que ahí iba a estar, para enseñarle un dibujo, contarme un cuento o ver la tele juntas. Hoy cada vez que paso ya no está. Lo intento en el día, en la tarde, en la noche y caminando de reversa. Siempre es lo mismo, ella ya no está.

            Ya la busqué en la cocina, en los libros y su olor que todavía está impregnado en su celular. Cuando lo tengo cerca, lo tomo entre mis manos, lo huelo y cierro los ojos, juro que la escucho hablar, pero los abro y ella no está.

            Ahí está su ipad, el que no me dejaba agarrar. Ahora nadie lo usa. Papá dice que me lo puedo quedar, pero sin ella ya no tiene tanto chiste, es como si todo lo que hubiera usado se quedara sin vida también, su maquillaje, los zapatos con los que no me dejaba jugar, todo eso se murió ¿será que las cosas también pueden extrañar?

            He vuelto a la escuela y todo se ve gris. Los primeros días me saludan diferente, pero al cabo de una semana ya nadie recuerda que mi mundo se rompió. Pienso que tendría que encontrarle a esto algo bueno, ahora podría hacer todas esas cosas que mamá no me dejaba, después de todo ya no estará aquí para regañarme.

            Hoy será el día, subiré a la azotea de la casa para caminar por la orilla. Tengo un excelente equilibrio, podría ser gimnasta o trabajar en un circo, pero nadie me había dejado probarlo. Me pongo mi mejor leotardo, unas zapatillas de ballet y subo emocionada por la escalera de cuerda que cuelga de la pared. Ya llegué, estoy arriba, parece la cima del mundo. Desde aquí todos se ven chiquititos y una vez que ponga el pie sobre la orilla nadie podrá detenerme. Pongo el pie sobre la pequeña bardita de la orilla, está resbalosa, pongo fuerte esa misma pierna para poder subir la otra y justo cuando estoy a punto de hacerlo oigo su voz.

- NO! Te vas a caer.

No vino de fuera. Sólo la pude escuchar yo. Pero estoy segura que era la voz de mamá, estaba en mi cabeza y entones entendí que esa era la forma en la que ahora ella iba a estar aquí.  Y entonces, lloré. 

8 comentarios:

  1. Wow! Es dificil escribir algo así, cuando nunca se ha sentido...

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  2. Q buen cuento, muy triste pero una realidad, felicidades!!!

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  3. Te felicito Pam, porque cuando se es pequeña no se entienden las cosas, pero tu tuviste la fortaleza de guardar lo sucedido por tantos años, pero ahora sale a la luz, y te vas a sentir mas libre y a su ves más unida a tu familia. Es hermoso tu bello recuerdo, el tener a tu madre presente....élla te dió la fortaleza de crecer orque siempre ha estado contigo...visperas al día de las "madres"..

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  4. Es tan hermoso como triste, felicidades por conseguir transmitir esas dudas, temor, dolor y paz que sentimos cuando al final podemos sentir algo un poco mas claro. Gracias por escribirlo

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  5. Hermoso!!! Lo describes perfecto, llore.

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  6. Puff excelente y desgarrador , como explicarle a un pequeño que ese ser querido ya no estara fisicamente entre nosotros

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  7. "Lo intento en el día, en la tarde, en la noche y caminando de reversa. Siempre es lo mismo, ella ya no está."
    "¿será que las cosas también pueden extrañar?" Gracias.

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